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FRAY INOCENCIO JÁCOME

FUNDADOR DEL COLEGIO
NUESTRA SEÑORA DEL ROSARIO DE QUITO EN 1962


Fray Inocencio nace en Quito el 7 de abril de 1890 en el hogar formado por el Señor Pastor Antonio y doña Felisa. Fue Bautizado el 7 de abril con el nombre de Antonio Leopoldo Alonso. Hombre de mente ilustrada, lleno de ciencia , amor y sensibilidad cristiana, ayudo a la organización de los obreros Quiteños , a quienes los constituyo propietarios de las ciudadelas de la Vicentina,Chiriacu y las Casas , e inspiro la creación del Ministerio de Previsión Social nervio vital de la conquista alcanzada por los obreros del Ecuador.
Este Religioso Dominico conoce a la Congregación de las Dominicas de Santa Catalina de Sena de Colombia, con quienes comparte la experiencia fraternal y dominicana del destierro que sufre durante la persecución del Gobierno Ecuatoriano entre los años 1912-1930 y las trae a Quito ,previas gestiones de la superiora General y su Concejo en 1950 , para que asuman y le colaboren en los sueños que tiene de formar a las hijas de los obreros , para quienes construye la planta física y crea la “Escuela Nacional de Lideres de Acción Social ”, hoy Colegio Nuestra Señora del Rosario


CONGREGACIÓN


La Congregación de Dominicas de Santa Catalina de Sena, primera comunidad religiosa femenina de origen colombiano, es un instituto religioso de vida apostólica, de derecho pontificio, fundado por el Padre Saturnino Gutiérrez Silva -de la Orden de Predicadores- y por la Madre Gabriela Durán Párraga, en Villa de Leyva, Boyacá, el 18 de febrero de 1880. La Madre Gabriela de San Martín (Sierva de Dios) nació el 22 de mayo de 1848 en Firavitoba, departamento de Boyacá, Colombia, en su casa paterna, la Hacienda de la Compañía. Sus padres se llamaron Gabriel y Jacinta, y tuvieron 8 hijos, entre los cuales Gabriela ocupó el 7º lugar. Su niñez y adolescencia transcurrieron en la familia, en donde recibió el amor y la educación de sus padres. Con la ayuda del Padre Saturnino Gutiérrez orientó claramente su vida hacia la vocación religiosa, y fue aceptada en el Carmelo, en donde recibió el hábito el 1º de enero de 1877. Los cuatro meses y 23 días que permaneció allí, de donde tuvo que retirarse por motivo de enfermedad. En los primeros días de julio de 1877 junto con las señoritas Rosa, Matilde y Virginia Umaña, quienes venían de Bogotá con intención de tomar dos meses de descanso, se fundo un colegio, bajo el patrocinio de Ntra. Señora de Lourdes. Sucesivamente se fueron uniendo a ellas —como profesoras— Sara Rojas, Gabriela y Mercedes Durán e Isabel Briceño. Su aspiración era, además, abrazar la vida religiosa en comunidad. El P. Saturnino les aconsejó ir gradualmente, y les propuso conocer el espíritu de la Tercera Orden Seglar Dominicana, fundada por él en Leiva. Las inició en la oración personal y comunitaria y les dio un reglamento para la vida en común. Ya muy seguras de su decisión de optar por la vida religiosa dominicana, contemplativa y apostólica, pronunciaron sus votos el 18 de febrero de 1880, en presencia del P. Saturnino Gutiérrez. El Padre Saturnino Gutiérrez Silva (siervo de Dios) era afable, sencillo, humilde, caritativo y con un candor de niño. Aunque ocultaba su saber, veías en cualquier conversación. Su memoria era tenaz; sus dichos y gracejos, de ocasión; la modestia de sus ojos, en una palabra, todo él, infundía cariño extremo, al mismo tiempo que respeto. Era de un bello carácter. Tanto para la enseñanza como para la predicación, el Padre Gutiérrez posee dotes especiales. A una inteligencia poderosa y una vastísima ilustración, añade un exquisito don de gentes; su palabra pulcra y elegante es fiel instrumento de la idea densa y profunda, llena de divina y humana sabiduría; el gesto de su mano es fiel intérprete del pensamiento y todo lo realza con su armoniosa voz.
Bajo su dirección, la Madre Gabriela constituye el instrumento escogido por Dios para realizar la inspiración divina que, sin el concurso de ambos, no hubiera podido lograrse. El Padre Saturnino sirve de inteligencia, Sor Gabriela ejerce las funciones del corazón. (Cfr. Hacia la identidad rosarista, 29-32p) El fin de la Congregación es el servicio a la Verdad por el testimonio de la vida y por la palabra, mediante la educación en su más amplio sentido y la asistencia en el campo de la salud, imitando a Santo Domingo de Guzmán, a Santa Catalina de Sena y a los padres Fundadores, en la permanente búsqueda del bien espiritual y del servicio al prójimo. Dentro de este carisma fundacional, con preferencia por los más necesitados, comprometida con el desarrollo de la mujer y abierta a los signos de los tiempos, la Congregación promueve con su labor pastoral, formas de respuesta más adecuadas a las exigencias de la Iglesia y del mundo, en actitud de servicio al Evangelio. La Congregación de Dominicas de Santa Catalina de Sena, por tanto, asume desde sus orígenes los elementos esenciales de la espiritualidad dominicana y los expresa con características propias, de acuerdo a la vivencia de sus mentores y a las diferentes circunstancias de tiempo y lugar, donde desarrollan su labor. Actualmente, la Congregación está dividida en 3 zonas: Curia General, Provincia de Santo Domingo de Guzmán y Provincia de Nuestra Señora del Rosario, abarca comunidades distribuidas en Colombia, Perú, Ecuador, Venezuela, Brasil, Cuba, Costa Rica y México, las cuales son obras educativas, casas de gobierno, hogares, centros de salud, obras de evangelización, casas de convivencia, hogares de hermanas mayores, casas de acogida, casas de formación y centro de convenciones conocido como Casa de los Fundadores.

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